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Repensar el turismo

A vueltas con la Ley de Renovación y Modernización Turística

3 Jun , 2013  

El texto de la Ley de Renovación y Modernización Turística ha venido al mundo no exento de polémica insularista, una desgracia más para estos lares. A pesar del eslogan Canarias: una tierra única, seguimos siendo siete, pequeñas y cabreadas cuando se trata de regular cualquier materia que suponga igualarnos por la base.

A los paladines del neoliberalismo les ha faltado tiempo para hablar de la sovietización de Canarias, pero nos gustaría saber dónde estaríamos hoy si se hubieran ejecutado, al menos, un 25% del millón de plazas con autorizaciones previas que estaban previstas allá por el año 2000. Porque, evidentemente, no hay color entre una crisis con 400.000 camas a una crisis con 1.000.000 camas que habría provocado un derrumbe de los precios medios hoteleros hasta límites desconocidos. Decir lo contrario es faltar a la verdad.

No nos corresponde a nosotros defender las bondades de la intervención del sector público en economía, pero la libertad absoluta y la autorregulación que algunos defienden es una falacia. La defensa de la propiedad privada está contemplada en la Constitución, pero también lo está la intervención del Estado en la economía para alcanzar el bien común. Y el bien común no es sólo el de unos pocos, sino aquel que garantice un futuro mejor para todos los que vivimos y queremos seguir viviendo en Canarias.

El debate no está en la mayor o menor voracidad ambiental del turismo. Ese planteamiento debería estar ya más que superado. ¿Qué impacta más: un complejo hotelero con una superficie reducida y una arquitectura integrada en el medio o los mares de plásticos que ocupan buena parte de nuestras medianías y zonas de costa donde se cultiva el tomate y el plátano?

Me gustaría que en esta tierra, donde somos tan dados a criticar antes de conocer y de saber, que le diéramos al menos una oportunidad a esta ley y que los instrumentos que plantea puedan ser desplegados. Una vez hecho esto, entonces sí que podremos criticar o alabar sus fundamentos y pedir su cambio o sustitución, pero antes, además de injusto, me parece contraproducente.

Me viene que ni pintada a modo de despedida una cita de Maquiavelo que decía:

“…no hay nada más difícil de emprender, más peligroso de llevar a cabo y con menos garantías de éxito que tomar la iniciativa en la introducción de un nuevo orden de cosas, porque la innovación tiene como enemigos a todos aquellos que se beneficiaron de las condiciones antiguas. La gente teme y desconfía de la persona que promueve el cambio y no cree en nuevas ideas hasta que no tiene una larga experiencia con ellas”.

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Juan Pablo González Cruz (@jpgc1971) es economista y director gerente de Ashotel

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2 Comentarios

  1. Estimado Juan Pablo:

    Como bien dices, somos muy dados a hablar sin conocer la totalidad de las cosas, y con esta Ley seguro que estoy haciendo lo mismo. Pero como idea ¿no crees que sería mejor aprobar aquellos proyectos que dieran valor a un destino (sin importar si tienen 4 o 5 estrellas), siempre y cuando se mantengan dentro de unos niveles máximos de ocupación en camas y territorio? Tal y como dices, lo que se debe analizar es el impacto de un proyecto (incluyo jaulas de doradas y lubinas) antes de su aprobación, pero no limitar directamente emprendimientos, en este caso hoteleros, que favorecen al destino. Yo estoy seguro que ningún empresario se pone a construir a lo loco sin hacer un estudio previo del mercado que puede captar, y que ese nuevo proyecto no lo enfocará a una política de guerra de precios, por lo que si presenta un nuevo hotel, lo hará para ganar dinero, no para hundirse. Al menos quiero creer que lo hacen con esa idea.
    Un abrazo

    • Juan Pablo González dice:

      Estimado Paco,
      Gracias por tu comentario. Lo cierto es que la ley no prohibe la construcción de hoteles de 4 estrellas – que parece que está siendo el caballo de batalla – . Lo que sí hace es condicionarlos a procesos de renovación. Esto, bien visto, puede ser un benificio más que un perjuicio. Si tienes un hotel de tres estrellas, obsoleto y con poco futuro y el propietario actual u otro, decide realizar un Plan de Modernización y lo renueva, puede aumentar su categoría y recibir plazas adicionales por ello que podrá vender en el llamado banco de camas, con lo que la renovación le podría salir hasta gratis!!!. Se ha renovado un hotel y encima se ha cualificado la oferta. Dicho así, sé que es muy rápido, pero creo que esa es la filosofía que está detrás de la ley. Ahora bien, es muy necesario habilitar crédito para que esta idea se convierta en realidad. Vamos a ver qué pasa. Saludos.

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