Turismo sostenible

Turismo y sociedad

Un día con Juan Ignacio Pulido: sostenibilidad y gobernanza

16 Oct , 2013  

Hoy voy a abandonar la serie sobre la innovación en las pequeñas empresas turísticas canarias para hacer una reseña de la visita a la Universidad de La Laguna (ULL) del profesor de la Universidad de Jaén Juan Ignacio Pulido con una doble sesión: por la mañana, su conferencia inaugural del Máster Universitario en Dirección y Planificación del Turismo y, por la tarde, un seminario de especialización de la Cátedra de Turismo Cajacanarias-Ashotel-ULL. Aunque los temas de ambas intervenciones eran diferentes (“La disposición de los turistas a pagar por un destino sostenible” y “Gobernanza turística”), creo que existe un hilo argumental común en torno a dos conceptos clave para comprender el turismo contemporáneo: sostenibilidad y gobernanza.

Pulido es además doctor en Economía del Turismo, director del Laboratorio de Análisis e Innovación Turística de la Universidad donde imparte clase y actualmente preside la Asociación Española de Expertos Científicos en Turismo (AECIT). Su dilatado currículum científico y larguísima experiencia nacional e internacional en el campo del desarrollo turístico ocupan varias páginas incluso en versión resumida. Para no cansarlos: pudimos disfrutar por partida doble de un auténtico ‘gurú’ del desarrollo turístico local, que ha desarrollado ideas y metodologías interdisciplinares e innovadoras para abordar los problemas de las localidades turísticas. Paso a comentar algunas de las ideas que más me llamaron la atención respecto a los dos temas.

Sostenibilidad. El profesor Pulido es un firme defensor de la sostenibilidad. Pese a que el turismo sostenible ha perdido cierta pujanza en los debates académicos por otras new things (como el turismo responsable), Pulido mantiene que sigue siendo el problema central del desarrollo turístico. No obstante, es escéptico respecto a la noción convencional y ambientalista de la sostenibilidad, que tiende a vincular primariamente a la conservación de los recursos naturales. Para el profesor Pulido, la sostenibilidad es un rasgo esencial de la competitividad de los destinos, que reside en conseguir un equilibrio entre la reproducción (o conservación) de tres tipos de capitales: el capital natural, el capital económico y el capital social. Como ilustró con su experiencia personal en la Sierra de Cazorla (su patria chica), sirve de poco proteger el capital natural (los recursos naturales) de la zona si se pierde su capital social y la población tiene que abandonar su lugar de residencia por falta de oportunidades económicas. En muchas experiencias de turismo masivo se tendió a liquidar el capital natural generando un reparto asimétrico entre capital económico y social.

Juan Ignacio Pulido.

Este experto se mostró muy crítico con la forma en que se ha aplicado en nuestro país la idea de sostenibilidad. “Yo no estaría orgulloso de que [en España] se alcancen los 60 millones de turistas; preferiría que viniera la mitad y gaste el doble”, manifestó. El problema es que la sostenibilidad, ya sea de una metrópolis con cientos de miles de camas o de un paraje natural repleto de especies protegidas, cuesta mucho dinero y, sobre todo en los tiempos austericidas en que nos encontramos, hay que ver cómo o quiénes la pagamos. Es en este contexto en el que cobran relevancia los resultados de la investigación sobre la disposición a pagar por la sostenibilidad de los turistas de la Costa del Sol: solo una quinta parte de los turistas estaría dispuesto a pagar (poco dinero, en cualquier caso) por una mejora en la sostenibilidad del destino. Se trata de una oportunidad (hay una parte de la demanda que preferirá destinos sostenibles) pero también conlleva una debilidad: la cuenta de la sostenibilidad no puede ser transferida enteramente a la clientela, los actores de la oferta deben aportar una parte.

Gobernanza. Aunque la Real Academia lo entiende como el arte de gobernar buscando un desarrollo armónico y equilibrado, en Ciencias Sociales se ha extendido su uso a partir de los años 90 para distinguir el gobierno (lo que hacen los actores políticos e institucionales) del conjunto más amplio de interacciones entre actores públicos y privados a distintos niveles (de lo local a lo global). Simplificando mucho: la gobernanza del desarrollo turístico sería el conjunto de relaciones formales e informales entre los actores políticos que impulsan dicho desarrollo y los distintos actores de la sociedad civil interesados en él (stakeholders). Hoy por hoy, prácticamente a ningún alcalde se le ocurriría plantear una campaña de promoción turística del destino que gobierna sin escuchar a empresarios de distintos sectores, a expertos y técnicos. La idea clave aquí es que las políticas efectivas requieren del consenso y la implicación activa de los actores implicados, que se identifiquen intereses comunes y se promuevan comportamientos proactivos de todas las partes.

La gobernanza es un toma y daca: un alcalde hipotético puede gastar miles de euros en una promoción ‘verde’ del destino que no servirán para nada si los hoteles continúan vertiendo sus aguas negras a las playas renovadas con dineros públicos. Además, hay ‘buena’ y ‘mala’ gobernanza: el alcalde puede consultar solo a los empresarios amiguetes o atender a todo el que tenga algo que decir, abriendo su actuación a la participación ciudadana. El desarrollo turístico sostenible, como argumentó brillantemente Pulido, necesita de forma determinante de procesos de gobernanza participativos: el producto turístico es un agregado de actividades en el que participan muchos actores (desde el taxista hasta la multinacional hotelera), las conductas sostenibles no pueden imponerse de arriba abajo y los beneficios derivados de la sostenibilidad no son apropiables individualmente.

Todos ganamos con un destino sostenible, pero para conseguirlo no podemos quedarnos sentados esperando a que nuestro hipotético alcalde haga algo mientras nos quejamos de los impuestos que pagamos. Debemos entender que lo que está en juego no es la cuenta de resultados del semestre sino la viabilidad a largo plazo de las empresas, los territorios y las personas que en ellos se asientan.

Pueden encontrar AQUÍ vínculos a algunos de los trabajos en los que se basó su intervención.

Foto: Turismo de Tenerife

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Pablo Rodríguez González es doctor en Sociología del Turismo y profesor en la Universidad de La Laguna

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3 Comentarios

  1. Estimado Juan Ignacio.Agradezco posibilidad que tenemos seguidores de tus comentarios y el compartir tus conocimientos con todos nosotros.He sido afortunado con haber recibido Clases en Chile en la UACH..
    Mi consulta apunta al concepto “Gobernanza Turistica y Sostenibilidad”.Teniendo presente que son realidades muy distintas ,las realidades de los municipios de España Con los Municipios de Países Sudamericanos..¿Cual seria el mecanismo mas adecuado de poder implementar en municipios de países como Chile .Para estrechar estas Brechas?…

  2. Pablo Rodríguez dice:

    Estimado Carlos

    No se si Juan Ignacio lee este blog. Pero desde mi limitado conocimiento práctico del problema de la gobernanza, creo que es muy complicado (y quizás poco recomendable) hablar de mecanismos más o menos adecuados que se trasladen de una sociedad a otra. Aplicar la gobernanza al desarrollo turístico implica que las estructuras de poder ‘convencionales’ hagan sitio y cedan poder a organismos o grupos de presión en los que se agreguen los intereses de los actores sociales (turísticos y no turísticos) para obtener compromisos que garanticen la sostenibilidad a largo plazo del desarrollo turístico. Hay dos procesos que deben funcionar en paralelo: de arriba a abajo (top-bottom), por el que los actores políticos (ya sea su poder formal o informal) consolidados “abren” en mayor o menor medida su capacidad de decisión sobre el desarrollo turístico a otros actores; por otra parte, debe haber un proceso de abajo a arriba (bottom-up) por el que distintos actores individuales o colectivos afectados por el desarrollo turístico se organizan y constituyen para reclamar la posibilidad de decidir sobre la orientación de ese desarrollo.

    La forma de llevar esto a la práctica en un territorio determinado dependerá de muchas cosas: el grado de apertura y diversidad de las élites de poder establecidas (su capacidad para representar o escuchar a distintos grupos socioeconómicos), la existencia de cauces legales para la participación u otras instituciones no políticas con capacidad de movilización (p.e. Iglesia, consejos tribales, que sin poder político pueden actuar para ‘sumar’ intereses y generar visiones compartidas); las capacidades y competencias de los actores que están fuera del aparato político; la trayectoria previa de conflictos y entendimientos… Hay que promover una cultura de consenso (la creación de una nueva legitimidad) al intervenir en ambos procesos, pero dependerá mucho del caso concreto, no hay recetas fáciles aquí.

    Si tienes más dudas, ponte en contacto directamente con Juan Ignacio, que indudablemente tiene mucha más experiencia en este ámbito que yo y seguro que estará encantado de orientarte. Felices fiestas.

  3. […] el resto del país, porque siguen creyendo en el peligroso mantra de cuanto más mejor. En otra entrada anterior en este blog ya planteé que esta idea de que el número de turistas puede seguir creciendo hasta el infinito no […]

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