La hotelería de lujo actual es cada vez más exigente. Y sus clientes son hombres y mujeres acostumbrados no solo a un trato exquisito, sino a estar constantemente rodeados de calidad y alto standing. Por ello, por ser personas muy viajadas, que han pisado hoteles exclusivos en cualquier rincón del mundo, son personas difícilmente impresionables. Si en un negocio normal es complicado conseguir un efecto Wow, es decir, impresionar al cliente, imagínense lo complejo que es lograrlo en un hotel de lujo.
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