El incremento en el volumen de trabajo asociado a la actual bonanza económica y el ciclo de crecimiento experimentado después de la pandemia están provocando situaciones límite que en no pocas ocasiones generan un desgaste profesional extremo que afecta directamente a la salud en el entorno laboral. El síndrome de burnout o síndrome de desgaste profesional es un problema que puede afectar a cualquier trabajador, con independencia de su estatus profesional o sector de actividad.
Se diagnostica burnout a quienes sufren un estrés crónico que se manifiesta mediante una sensación persistente de agotamiento extremo, tanto físico como mental, como consecuencia de la saturación en la carga de trabajo, que desemboca en fatiga crónica, bajo rendimiento, ineficiencia e incapacidad para afrontar la carga de trabajo y hacer frente a las responsabilidades laborales o profesionales.
Como bien saben quienes han coincidido conmigo en alguna etapa de mi vida profesional, para mí las prioridades siempre son la salud y el bienestar individual y colectivo (¡no confundir con el acomodo!), seguidas de la estrategia y el cumplimiento de los objetivos. Y como nunca me canso de decir, ‘si la salud no nos acompaña hay tres afectados: el individuo, su entorno familiar y la empresa’. Por eso es tan importante disfrutar de un clima laboral óptimo.
Estos son algunos de los síntomas recurrentes que se manifiestan en las personas que sufren síndrome de burnout (también conocido popularmente como síndrome del quemado):
Insisto en que esta situación puede producirse en todos los sectores productivos, pero muy especialmente en aquellos asociados con largas jornadas de trabajo, con una presión constante por satisfacer las expectativas de los clientes y por mantener una actitud positiva constante. Desde la gestión de los RRHH en el entorno laboral las consecuencias de este diagnóstico son claras: estudios de la Organización Mundial de la Salud estiman que el síndrome de burnout supone un coste para la economía global de 1 trillón de dólares al año en productividad perdida. Esto se traduce en indicadores concretos como el aumento del absentismo laboral, mayor rotación de personal, incremento de conflictos interpersonales, pérdida de productividad y eficiencia o disminución de la calidad del servicio.
A nivel individual, la persona aquejada de este problema de salud debería variar sus hábitos, siendo conveniente en muchos casos recurrir a especialistas y poner en práctica algunas recomendaciones generales, como pueden ser las técnicas de autocontrol emocional, establecer límites y gestionar el NO, mantener un equilibrio entre lo laboral y lo personal o realizar actividad física con frecuencia.
Por parte de las empresas cabe establecer una serie de protocolos que permitan identificar a tiempo a las personas afectadas. Para ello lo mejor es la prevención, que contemple entre otras las variables siguientes:
Finalmente me gustaría hacer hincapié en la importancia que tiene para los individuos y para su entorno familiar y profesional este síndrome de burnout, Quisiera hacer un llamamiento a las partes afectadas para que se tomen las medidas necesarias y se implementen los planes de prevención que favorezcan el bienestar laboral y promuevan ambientes de trabajo saludables y productivos, sin renunciar a la exigencia que permita lograr la eficiencia, eficacia y productividad.
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[…] Publicada originalmente en El blog de Ashotel […]