En los últimos tiempos (los últimos desde que escribí mi última aportación a este blog, quiero decir) ha habido dos temas que podríamos decir “candentes”, aunque con la velocidad a la que van las redes sociales y sus modas ya están un poco viejunos. Uno es el de la renuncia del escritor David Uclés a participar en unas jornadas sobre la Guerra Civil, del que no voy a opinar en primer lugar porque no me da la gana; y en segundo lugar –y quizá sea éste el motivo de lo primero– porque parece que en todo lo que huele mínimamente a política siempre hay que posicionarse de un lado u otro, a favor o en contra, sin que se contemple que uno pueda entender en cierta manera a ambas partes, y que ambas partes quizá podían haber gestionado el tema un poquito mejor.
Pero no, en esta España nuestra y en estas redes sociales de magnates de allende los mares no cabe tamaña osadía, con lo cual todos acabamos siendo fachas o comunistas en función no tanto de lo que uno diga, sino de lo que otros entiendan. Igual sucede en las materias relativas al turismo, que provocan airadas reacciones a favor y en contra, cuando el turismo per se no tiene nada de malo y debería poder coexistir con nuestro día a día con el debido orden y concierto.
Otro asunto que ha llamado bastante la atención en estos últimos días es la actuación del tan marchosillo como poco vocalizador Bad Bunny en el espectáculo de medio tiempo de la Super Bowl (o Supertazón, como rezaba su introducción). Yo desde luego no soy fan del susodicho, pero en vista de la atención que había concitado su performance me decidí a tirar de Youtube y verla enterita, llevándome tres sorpresas: confirmar en la primera parte lo mal que canta (o, para no ofender, vamos a decir que canta raro…) dando de hecho la sensación por momentos de que le falta un agüita (lo cual dudo que sea el caso dado su éxito fulgurante); ratificar que, efectivamente, se montó un pedazo de show muy atractivo visualmente, con impresionantes coreografías y una perfecta transición entre los diferentes temas y ritmos; y permitirme descubrir Baile inolvidable, canción suya que, excepcionalmente, sí me encanta.
Igual sucede en las materias relativas al turismo, que provocan airadas reacciones a favor y en contra, cuando el turismo per se no tiene nada de malo y debería poder coexistir con nuestro día a día con el debido orden y concierto
Bad Bunny tuvo el gran mérito de dar un zasca elegante y sin insultos a una parte –queremos creer que cada vez menos numerosa– de la sociedad yanqui y, curiosamente, aunque fue un claro ensalzamiento de la cultura latina y una reivindicación de la americanidad de todo el continente, lo hizo de tal manera que nadie se sintió excluido, independientemente de su raza u origen. Leí en redes sociales –bueno, en red social, que como buen cincuentón yo soy muy de Facebook– a muchos no hispanohablantes diciendo que, aunque no entendían las letras de las canciones, gracias al lenguaje universal de la música y de esa maravillosa escenografía captaron el mensaje de unidad e inclusión. Lo que ellos no saben es que el no entender las letras seguramente les ayudó bastante más a ello. Lo cual es otro gran mérito digno de estudio: convertirse en adalid de la igualdad tocándose la entrepierna –de vez en cuando, no hay que exagerar tampoco– y con un montón de mujeres perreando a sus pies. Un crack el Bad Bunny.
Y otra persona que también se ha convertido en una gran representante de la unidad y la multiculturalidad, y que desde luego conmigo ha ido ganando muchos enteros, es la inefable Rosalía. En sus comienzos me gustaba entre poco o nada, aunque estaba claro su gran dominio del ritmo y su facilidad para hacer canciones pegadizas. Pero debo admitir mi gran asombro y admiración por su último álbum LUX. Canciones nada convencionales que han ido creciendo según las he ido escuchando, apoyadas en unos vídeos que, como pasaba antiguamente en los 90, no sólo las sostienen sino que las elevan, y que han cambiado radicalmente mi percepción de esta artista. Con una combinación de estilos aunque –principalmente fusionando la tradición española y latina con sonidos urbanos–, mostrando gran sensibilidad, orgullosamente barcelonesa y cantando en trece idiomas, es un reflejo de lo que el mundo debería aspirar a ser. Una crack la Rosalía. Y eso que todavía no le perdono lo que hizo con Blinding Lights, pero tiempo al tiempo.
Bad Bunny, redes sociales, Rosalía, Súper Bowl
Fernando Josa Marín es director de hotel