Tras leer un libro referente a la historia de las principales religiones de la humanidad, me pregunto qué podría haber aportado la inteligencia emocional a dichos inicios. Si no eran esos líderes poseedores de ella o si esta temática es parte de la psicología más ancestral de la realidad de las sociedades.
Me imagino que tener inteligencia emocional significa gobernar adecuadamente nuestros sentimientos y emociones y no dejarse llevar por su impulsividad, saber relacionarse con los demás e interpretar sus sentimientos, es decir, tener empatía. Las personas que han desarrollado positivamente sus habilidades emocionales tienen mayor autoestima, son más asertivas y socialmente con mayor capacidad de adaptación. Por el contrario, las personas que no controlan su vida emocional mantienen una lucha interna que confronta el concepto de sí mismos y disminuye su capacidad de resolver satisfactoriamente los desafíos diarios de la vida.
Otra característica de tener una sana inteligencia emocional es que nos permite aprender a afrontar los miedos, algo importante, porque el miedo invalida y paraliza, dañando la acción. Como ya he escrito anteriormente en este blog, el decidir y actuar potenciando las cualidades positivas (la autoestima, la asertividad, la empatía, el optimismo, el afecto, la creatividad, la felicidad, el sentido del humor, etc.) refuerza la salud y es una eficaz barrera defensiva ante posibles afectaciones negativas
Según John D. Mayer y Peter Salovey, la inteligencia emocional es un conjunto de habilidades que nos permiten percibir y expresar las emociones; usarlas para facilitar el pensamiento, entender las emociones y saber gestionarlas, tanto las propias como las de los demás.
A partir de mi experiencia he llegado a la importante conclusión de que la inteligencia emocional es algo en gran medida ligado a la autoestima, y viceversa. Por ello, creo que una buena forma de potenciar la inteligencia emocional es promoviendo el incremento de la autoestima, un camino ciertamente complejo, pero quizás el más sensato y eficaz para relacionarse con uno mismo y con los demás.
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