José Miguel Perdigón (La Orotava, 1960) es, a unos meses de su jubilación, la historia de Parque Vacacional Edén, un complejo hotelero de 4 estrellas que abrió sus puertas en 1973, primero como dos instalaciones diferentes ─Esplanade y Edén Luz─ y desde 1988 como establecimiento único, con la entrada de los actuales propietarios. Este hotel cuenta con 224 unidades y 520 camas y cerró 2023 con una media de ocupación del 92%, un dato muy satisfactorio, que lo sitúa, además, entre la sexta y octava posición en TripAdvisor entre los 86 hoteles de Puerto de la Cruz. Se erige sobre una parcela de 35.000 metros cuadrados, de los cuales 14.000 son jardines, “la joya de la corona”. José Miguel llegó un día a trabajar con apenas 14 años de la mano de su madre, que ya realizaba labores de limpieza. “Éramos 12 hermanos y había que contribuir a la economía familiar, así que cambié el colegio por el hotel de un día para otro”, recuerda. Así que la suya es también la historia del aprendizaje en el puesto de trabajo. Comenzó de botones y cuando acababa su jornada, él y otros compañeros iban al comedor, donde un profesor les daba clases de inglés y alemán. En marzo se jubila tras 51 años de servicio, que se dice pronto. Transmite optimismo por los cuatro costados y cree que sabrá ser un buen jubilado. “Tengo tres nietos pequeñitos y entre eso y el pádel, seguro que no me aburriré”. Este profesional vocacional siente una gratitud inmensa por la empresa que durante cinco décadas ha creído en él y le ha permitido criar a sus cuatro hijas, que hoy ya forman parte del mundo laboral.
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Nació en Santa Cruz de Tenerife hace 52 años. Aunque comenzó la carrera de Relaciones Laborales, pronto se dio cuenta de que no era lo suyo y optó por estudiar el ciclo superior de Alojamiento Turístico en el instituto de FP La Candelaria. La suya es una trayectoria de confianza mutua, porque tras unas prácticas y un recorrido laboral de dos años en el hotel Botánico tuvo la oportunidad de arrancar desde cero como gobernanta en un hotel de nueva creación con una alianza particular con RIU. El Garoé es de los pocos establecimientos que no es propiedad de la cadena mallorquina, sino que trabaja con un modelo propio, basado en la reciprocidad. La empresa tiene sus propios sistemas organizativos, bajo marca RIU, con unos altos estándares de calidad. Elena es pieza clave en el hotel y ha sabido, además, crear un equipo bien engrasado y mucho de su conocimiento ha sido autodidacta y, como ella dice, “de aplicar sentido común”. Es una apasionada del diseño de zapatos y bolsos y aunque aún no se ha lanzado a comercializarlos por falta de tiempo, crea piezas para su familia y amigos. Una de sus iniciativas destacadas fue la implementación del uso de pantalones en lugar de faldas para las camareras y gobernantas, un requisito que consideró esencial al asumir su puesto. No sería capaz de desempeñar sus responsabilidades del día a día sin el apoyo y fuerzas que le brindan su marido e hijas en casa.
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