La primera vez que entré a trabajar en un hotel en concurso de acreedores fue en el verano de 2020. El complejo estaba en Tenerife, llevaba décadas operando y tenía una clientela que, en plena pandemia, seguía ahí. Desde fuera — y en cierta medida desde dentro — el hotel funcionaba. Y sin embargo estaba en concurso. Esa paradoja acabó siendo la lección más útil de toda mi carrera.
competitividad hotelera, concurso de acreedores, dirección y gestión hotelera, situación crítica