Repensar el turismo

(Ausencia de) turismo y (repunte de) xenofobia

26 Oct , 2020  

Son las 6 de la mañana en el aeropuerto internacional de Berlín – Tegel una fría mañana de noviembre de 2020. La familia Schmidt, integrada por cuatro miembros (Johann, Erika, Marlene y Otto) esperan la salida de su vuelo a Tenerife para disfrutar de unas merecidas vacaciones de invierno bajo las cálidas temperaturas que les aguardan en Canarias. Quieren disfrutar del tiempo juntos y practicar sus deportes favoritos: senderismo y ciclismo de montaña. 

A esa misma hora, pero a 6.200 kilómetros de allí, más al sur, en Senegal, en los manglares de Joal Fadiouth al sur de Dakar, dos miembros de la familia Fall, Astou y Pape, de 15 y 19 años, respectivamente, también se preparan para un viaje, pero este muy distinto al anterior. Esperan agazapados la señal del capitán para subir al cayuco que les traerá, Inshallah, junto a los otros 65 inmigrantes al punto más meridional de la Europa atlántica, las Islas Canarias. Su destino es otro, la Europa continental, pero con las rutas mediterráneas cortadas por la pandemia toca jugársela y lanzarse al mar. Atrás dejan a su madre y a cuatro hermanos más pequeños. De su éxito dependerá el futuro de su familia. Su objetivo es reunirse con su hermano mayor, Moctar, en Lyon, Francia. Por delante, 11 días de travesía por el océano, en el mejor de los casos. “Barça ou barzakh” (Barcelona o muerte) es el grito que los anima. 

Esta ficción sirve para ilustrar dos fenómenos inconexos que se están produciendo ahora mismo en Canarias. El primero, la llegada de turistas que, muy a nuestro pesar, también resulta una ficción, habida cuenta de la situación que atraviesa el sector turístico canario, en el que un turista es una rara avis en tiempos de COVID. El segundo, la llegada de migrantes irregulares que, aunque ha crecido notablemente a lo largo de este año, alcanzando la cifra de 8.102 personas llegadas hasta el 15 octubre, no constituye, por mucho que algunos/as se empeñen, ni una invasión ni un problema que vaya a desestabilizar política o económicamente a Canarias. Lo siento, no es verdad. Las cifras están ahí para demostrarlo. 

Aunque echar la culpa a otros de nuestros males siempre ha sido un comportamiento muy humano, eso no contribuye a resolver los problemas. En el año 2006, con una verdadera crisis humanitaria, que supuso de la llegada de más de 31.600 migrantes irregulares a Canarias, la reacción de una parte de la población residente en las islas no fue la que se está generando ahora respecto a quienes que llegan en menor número. ¿Por qué? La respuesta es sencilla: porque las cosas en aquellas fechas nos iban bien económicamente. Teníamos turismo, el dinero fluía sin problema –los bancos se lo daban a cualquiera y nada ni nadie nos hacía ver la crisis financiera que se nos vendría encima a finales de 2008. 

Echar la culpa a otros de nuestros males siempre ha sido un comportamiento muy humano, eso no contribuye a resolver los problemas.

Ahora la situación es muy diferente. Añoramos el ruido permanente de los aviones en nuestros aeropuertos y el ajetreo continuo de nuestras zonas turísticas animadas por los miles de turistas que a diario las visitaban. ¡Queremos que vuelvan!, ¡los necesitamos y estamos preparados para ello! Pero echarles la culpa de su ausencia a los migrantes que nos llegan no nos va a resolver el problema.  

Después de algunos años colaborando en cooperación al desarrollo, en los que tuve la suerte de conocer los lugares de donde saldrían años después muchos cayucos en Senegal, Gambia o Mauritania, llegué a la conclusión de que el racismo y la xenofobia no tienen nada que ver con el color de la piel. Tienen que ver con el dinero o la falta de él y con el rechazo que para muchos produce el reflejo de la pobreza. Y ahora en Canarias, si no conseguimos recuperar la actividad turística YA, nos enfrentamos a un futuro de pobreza y desolación y puede que algunos se vean reflejados en los rostros asustados y fatigados de quienes arriban a nuestras costas 

Y sí, esa es la imagen que en algunos produce miedo y rechazo. Prestarles ayuda es lo mínimo que podemos hacer, por dignidad y humanidad. No hay ningún efecto llamada porque se alojen en varios hoteles o pensiones que, desgraciadamente, están vacíos¿Acaso es mejor para la imagen turística de Canarias tener a cientos de seres humanos hacinados en hangares y tiendas de campaña en un puerto? Es una solución temporal –estoy convencido de que no es la mejor– pero necesaria ante la inacción del Estado, cuya responsabilidad en este asunto parece eludir de forma permanente y mezquina. 

El racismo y la xenofobia no tienen nada que ver con el color de la piel. Tienen que ver con el dinero –o la falta de él– y con el rechazo que para muchos produce el reflejo de la pobreza

Aunque la cifra de migrantes irregulares llegados a Canarias vía marítima hasta el 15 de octubre de 2020 representa, en lo que va de año, el 40% del total de llegados a España por esa vía, en 2019 esta cifra fue del 5%, según el informe del Ministerio del Interior sobre inmigración irregularY los 1.028 migrantes irregulares llegados a Canarias en 2019 por vía marítima representaron el 0,15% del flujo de inmigración procedente del extranjero en España (datos INE). Esta realidad, que no es una excusa, sirve para dimensionar en su justa medida un problema que cualitativamente parece ser mayor de lo que realmente es cuantitativamente.

Ojalá, muy pronto, ellos y nosotros alcancemos nuestros objetivos. Nosotros, volviendo a ser el destino líder que hemos sido siempre para millones de turistas europeos en invierno, y ellos, llegando a aquellos lugares en los que aspiran a tener una vida digna para sí mismos y sus familias, que no es en CanariasY ambos objetivos son perfectamente compatibles. 

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Juan Pablo González Cruz (@jpgc1971) es economista y director gerente de Ashotel

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2 Comentarios

  1. Avatar Fernando dice:

    Muchas gracias, por poner tus conocimientos en la sociedad, es de orgullo sentir cada vez más, que en esta maravillosa tierra que nos vio nacer, hay personas que nos representan como profesionales muy bien formados y con los pies en su sitio.

    • Avatar Juan Pablo González dice:

      Muchas gracias Fernando. Solo he intentado aportar un poco de mi visión en este tema del que tengo la doble experiencia; como profesional del turismo y como antiguo cooperante en África Occidental. Quizás la razón de quienes acusan a los migrantes de nuestros males está en la frustración que esta situación de pandemia está dejando en una parte de nuestra sociedad. Son dos fenómenos (migración y crisis turística por COVID) que han coincidido en el tiempo pero que no están en modo alguno relacionados. Un saludo.

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