Llamarse Fernando en nuestro archipiélago supone una condena implícita al olvido más absoluto en el día de nuestro santo, pues el mismo coincide con el Día de Canarias, pero es este un problema menor ─si es que acaso lo es─, pues aunque no siento ninguna aversión por mi nombre y lo tengo bastante integrado en mi ser después de más de cincuenta años arrastrándolo ─pero pocos más, oiga usted─, veo mucho más motivo de celebración la canariedad ─aunque en mi caso sea adoptiva, o quizá más aun por eso─ que la fernandeidad, fruto en cierta manera del azar y del empeño de mi tío del mismo nombre, que amenazó con dejar de hablar a mis padres  si no le daban el gusto.

Y aunque ayer 30 de mayo fue mi santo, para la mayoría de ustedes ─y con toda la razón─ fue el Día de Canarias, plagado de actividades, conciertos y espectáculos para celebrar y poner en valor las tradiciones y los valores de nuestras queridas islas. Los hoteles también aportamos nuestro granito de arena en este día para que nuestros visitantes conozcan y disfruten de nuestros productos y tradiciones y puedan sentir la verdadera diferencia de la experiencia canaria.

Los que nos hemos buscado la vida fuera de nuestra tierra, aunque haya sido de forma totalmente voluntaria, sabemos lo duro que puede llegar a ser estar lejos de los tuyos y cómo se echan de menos lugares, costumbres, comida… Una parte de uno siempre queda en el lugar donde uno nació y se crio. Sin embargo, los que llegamos a Canarias –ya sea de manera intencionada o accidental─ quedamos en cierta manera atrapados para siempre, resultando muy difícil, casi imposible, imaginarse fuera de aquí y retomando la vida en nuestros lugares de origen,  o de hecho en cualquier otro.

La vida en Canarias desde luego que no está exenta de problemas: la cesta de la compra, por ejemplo, ha tenido el mayor aumento porcentual de nuestro país en los últimos tres años, la tasa de paro es la tercera mayor de España ─aunque luego no hay gente para trabajar─, somos la segunda comunidad autónoma con mayor absentismo laboral por incapacidad temporal… Y podría seguir. Pero disfrutamos de una ubicación geográfica que, aun con los problemas de conectividad que conlleva, nos permite gozar de un clima maravilloso ─el mejor del mundo según la Universidad de Siracusa y según mi cuñado también─ y de una belleza natural sobrecogedora que nos permite ver la vida de otra manera, darle un enfoque menos severo y disfrutar también de una cierta distancia –tanto física como psicológica─ con otro tipo de situaciones de calado internacional que parece que lleguen aquí como mitigados, como si fueran menos problema. También ayuda a esta actitud positivista la apertura de mente resultante de una multiculturalidad favorecida por la diversidad de los que aquí vivimos y de los que nos visitan.  Somos amables, acogedores  y solidarios. Somos hospitalarios y hacemos sentirse bienvenidos a quienes nos visitan, por algo el 72,5 % de los turistas que vinieron en 2023 a nuestras islas eran repetidores.

Se trata, por tanto, de celebrar que somos canarios, o que nos hemos vuelto, o que quizá siempre lo fuimos sin saberlo, que era nuestro destino serlo. Que somos un archipiélago en medio del Atlántico, pero abierto al mundo.

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Fernando Josa Marín es director de hotel

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