Las últimas semanas han sido prolijas en eventos y noticias que en cierto modo le hacen sentir a uno que el mundo es hoy peor que hace un mes. Hay tres de ellas que me han impactado especialmente, y aunque todas ellas tienen claros tintes políticos, dos de ellas están vinculadas de una forma u otra al medio ambiente y al cambio climático, haciéndome vaticinar un futuro poco halagüeño.

Empezamos con la sorprendente y sorpresiva dimisión política de Errejón, aunque de manera casi simultánea descubríamos los poco honorables motivos detrás de esta. Un político de una cuerda diferente a la de uno, pero con un indudable carisma y una cultura, inteligencia, coherencia (¡ejem!) y labia admirables, aunque al final resultó ser un simple charlatán. Es una pena que en política normalmente destaquen más los que dominan las formas sobre el fondo. Porque una cosa es tener ideas y puntos de vista diferentes, algo normal en cualquier sociedad sin necesidad de llegar a la ya tan asumida polarización, y otra es tener principios de quita y pon (“si no le gustan tengo otros”, decía el genial Groucho Marx).

También hemos sufrido en nuestro país una histórica DANA cuyos devastadores efectos pocos supieron anticipar y que está trayendo también cola política por la inacción –antes, durante y después– del gobierno valenciano y la burocrática y muy poco proactiva reacción del gobierno central, que probablemente hubiera sido más rápida y contundente de haber sido el gobierno local de su mismo color político. El bienestar y la seguridad de los ciudadanos no puede depender de batallas políticas y mucho menos de la incompetencia de los de arriba, sin duda habrá que revisar de manera concienzuda los protocolos, competencias y jerarquías para evitar en el futuro un nuevo doble desastre (el climatológico y el organizativo), sobre todo teniendo en cuenta que con el cambio climático se anticipa una mayor frecuencia e intensidad de este tipo de episodios. Para variar, y aplicando el “y tú más”, aquí nadie dimite. En política, como en tantos aspectos de la vida, no sólo es importante serlo, sino casi más – como ya hemos visto – parecerlo. Y Mazón ni lo es ni lo parece, pero no contempla dejar el cargo e incluso amenaza con presentarse a la reelección. Al menos Errejón en eso fue más coherente.

Y por penúltimo (porque siempre habrá algo más) y para rematar la faena nos encontramos con que el país más poderoso del mundo –junto con Rusia y China, ay mi madre– ha dado la victoria a Trump y convertirá en presidente al exitoso empresario y controvertido político de gran carisma y verborrea (o sea, otro charlatán) siendo además, y esto es meramente anecdótico, el de más edad en el momento de la toma (de posesión, de la de otras cosas seguro que hay gente mucho más longeva). La victoria ha sido democrática y por tanto hay que respetarla, aunque desde fuera cuesta entender que los ciudadanos estadounidenses hayan dado su voto mayoritariamente a un tipo egocéntrico, chulo, racista, sexista, inmoral y corrupto. Pero ese “America first” y el encarecimiento de la vida de los últimos años ha hecho mella en un electorado que, como en casi todas partes, está más preocupado por su orgullo y su bolsillo que por la paz mundial y el medio ambiente, que serán sin duda –junto con el resto de la Humanidad– los grandes perjudicados. Y con ellos el turismo, seguramente uno de los sectores que se verán más afectados por el cambio climático.

Mucho me temo que Trump no será el que nos saque de este atolladero, especialmente viendo los nombramientos previstos para su gabinete y que amenazan los avances del G20 para combatir el cambio climático. El segundo país más contaminante del mundo aumentará sin duda sus emisiones, y eso en una situación mundial peor que la de hace ocho años, en la que los eventos climáticos extremos se han multiplicado exponencialmente. Las elecciones de un país son en principio un asunto interno aunque con consecuencias a nivel internacional, en este caso podrían llevar al mundo entero a un punto de no retorno.

America first… but there’s only one world and it’s going to hell

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Fernando Josa Marín es director de hotel

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