Cuando la crisis por el Covid-19 se habló –y criticó– mucho del peso del sector servicios en general y del turismo en particular en la economía española, con más de un ministro quejándose de que éramos los camareros de Europa (como si ser camarero fuese motivo de vergüenza) y culpándonos a los del gremio por lo mal que estaban las cosas en aquel –nada lejano– entonces. La economía española actual apenas ha variado las bases en las que se sustenta y sigue distribuida de manera muy similar, con casi un 75% del PIB generado por el sector servicios, sin ninguna acción aparente para que cambie nuestra economía y que ganen peso otros sectores como el primario o la industria. Sin embargo, ahora al señor Sánchez se le llena la boca diciendo que somos la mejor economía del mundo –en realidad la de mejor desempeño en el 2024 según The Economist, que no es exactamente lo mismo– pero no se dice que tiene mucho que ver la aportación del anteriormente denostado turismo y del sector servicios al PIB. Si nos acordamos para lo malo, habrá que hacerlo también para lo bueno, digo yo.
De hecho, nuestra economía tiene claramente una naturaleza cíclica que hace crecer el PIB de manera más rápida en períodos de expansión, pero que también se contrae con mayor intensidad en épocas de recesión. Igualmente se genera más empleo que en otros países en períodos de crecimiento económico como el actual, mientras que en las recesiones se alcanzan datos récord de desempleo. Las condiciones positivas de la economía española vienen sin duda marcadas por un mercado laboral sólido y altos niveles de inmigración que lo rejuvenecen y elevan la producción económica, pero también vienen impulsadas por el gasto público, lo que hace dudar de si este crecimiento es estructural o coyuntural. Y no es que yo sea un experto en la materia, quita quita, pero estuve googleando sobre el tema todo el día para poder llegar a estas conclusiones tan convincentes y quedar como un crack ante ustedes.
En todo caso, y no me hace falta mirar en internet para ello, está claro que para el ciudadano medio resulta muy sorprendente ese liderazgo económico de nuestro país, pues el nivel de vida en nuestros hogares no ha experimentado ni mucho menos el mismo progreso. Si nada se tuerce el crecimiento seguirá por la misma senda para este año 2025, quizá un tanto más estabilizado, pero por encima de la media de la Unión Europea. A mí lo que me preocupa es que allá en 2007 el señor Zapatero también alardeaba de lo bien que iba la economía española y se jactaba de formar parte de una supuesta Champion’s League económica mundial, y todos sabemos cómo acabó todo sólo unos meses después.
Ahora, en 2025, a pesar de las buenas previsiones, hay una elevada incertidumbre y numerosas amenazas tanto a nivel económico como político. Así que, como tampoco está en nuestra mano, lo mejor que podemos hacer es como los jardineros, disfrutar mientras podamos y tratar de sacar lo mejor de cada situación que nos vayamos encontrando. Quizá podríamos marcarnos un nuevo propósito para el nuevo año que nos haga un poco mejores. Yo, por ejemplo, ayer hace 20 años me propuse dejar de fumar y aunque supuso mucho esfuerzo y meses de insomnio (yo era fumador empedernido) lo logré y aquí estoy, más gordo, pero también más sano. Por eso mi recomendación es que se marquen un propósito personal que sea positivo e importante para sus vidas, pero realizable. Y quizá también que recen un poquito para que Sánchez –y mucho menos Zapatero–no hablen mucho de lo bien que va la economía. Por si acaso.
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Fernando Josa Marín es director de hotel