Trabajo en un hotel

“El turismo rural batalla contra la enormidad que supone el alquiler vacacional en una lucha muy desigual”

10 Feb , 2020  

Pedro David Díaz Rodríguez, propietario de la casa rural Las Vigas

Enamorado y defensor del territorio y de las zonas rurales de las Islas, especialmente de las de Arico, donde hace algunos años compró una vieja casa y la restauró con mucho esfuerzo para destinarla a turismo rural, este licenciado en Geografía por la Universidad de La Laguna y Experto Universitario en Medioambiente y Desarrollo Sostenible por la Escuela de Organización Industrial de Sevilla es un incansable batallador y activista del medioambiente, el patrimonio y el turismo rural. Eso lo ha llevado a codirigir Turnatur, el Salón de Turismo Rural de Naturaleza que organiza el Ayuntamiento de Granadilla, del que es técnico en las áreas de medioambiente, patrimonio y turismo.

La historia de Las Vigas es, sin duda, la de la comarca y sus gentes. ¿Cuál es el origen de esta casa?

Las Vigas es una casa muy conocida en esta zona del municipio de Arico y también en Fasnia. Es una edificación vinculada a una finca y a una forma de aprovechar el territorio y fue usada como una factoría agrícola de subsistencia en la época en la que fue construida, probablemente comienzos del siglo XIX. En Las Vigas cada cosa está donde tenía que estar, porque los campesinos que la construyeron identificaron perfectamente el territorio que la rodea, su potencial y sus recursos, y desarrollaron una forma absolutamente sostenible e inteligente de uso del territorio inmediato. La propia casa se ubica en el lugar más alto de la finca ‒menos productivo‒ para que no se desperdiciara ni un metro cuadrado del suelo agrícola susceptible de ser cultivado. La piedra con la que se construyó fueron los bloques extraídos de la propia zona, y a su lado se identifica y se aprovecha una laja de colada sálica de tosca para construir una serie de cuevas, que servían de habitaciones y también de almacenes. La disposición de las parcelas, la disposición de los cultivos e incluso la disposición de las ventanas y las puertas en la casa no es casual: responden a una magistral lección de aprovechamiento inteligente y sostenible de cada uno de los recursos naturales. Hoy cuando tanta gente habla de sostenibilidad, yo, que soy un experto universitario en ello, siempre pienso que la verdadera sostenibilidad estaba en nuestros campos y en la enorme inteligencia de nuestros abuelos para saber adaptar cada mínimo recurso del territorio y seguir viviendo.

¿Cómo decide reformarla para destinarla a turismo rural?

Desde el minuto 1 en que la adquirimos sabíamos que esa belleza de casa tendría que ser destinada a turismo rural, fundamentalmente por dos motivos: una, porque mi mujer y yo amamos ese tipo de turismo más tranquilo y más apegado al territorio y a la esencia de los pueblos; y dos, porque el edificio es singular, pero muy representativo de la antigua forma de construir en nuestra comarca. Para nosotros supone también una responsabilidad moral poder mostrar lo más íntegramente posible a nuestros visitantes la originalidad y las características de nuestro patrimonio; nos sentimos, por así decirlo, responsables de mostrar y conservar este legado.

¿Cuáles diría que son los principales obstáculos a los que se has enfrentado hasta ahora en la comercialización de un establecimiento pequeñito como el suyo?

Yo diría que tres, que seguimos soportando todavía y que nos han hecho pensar en algunas ocasiones en arrojar la toalla… En primer lugar, el peso enorme de la administración y la burocracia administrativa, descomunal para echar a andar una iniciativa empresarial de turismo rural, más aún cuando se trata de edificaciones protegidas o catalogadas como las nuestras. En segundo lugar, la comercialización directa, que básicamente está en manos de intermediarios y agencias comisionistas que se quedan con buena parte del beneficio que supone la reserva y que es algo muy duro para alojamientos turísticos de alquiler íntegro como las casas de turismo rural. Y en tercer lugar, la falta de un producto específico y diferenciado para el turismo rural canario ‒con algún guiño fiscal que lo incentive, porque el turismo rural está batallando solo contra la enormidad que supone el alquiler vacacional y es una lucha muy desigual… El turismo rural se está diluyendo dentro del vacacional y eso es muy preocupante, pero sobre todo muy triste, porque creo que ninguna modalidad alojativa muestra mejor el territorio y sus pueblos al visitante que el turismo rural.

El año pasado decidió participar en un proyecto de Ashotel, en el marco de las acciones de su Oficina de Transformación Digital, ¿cómo surgió la idea de formar parte de los equipos de hoteles que integraron el proyecto ‘Retos Digitales’?

El departamento de Innovación de Ashotel, así como su Gerencia, conocían de manera directa nuestro deseo de poner en marcha un proyecto de cambio y mejora para ser más visibles en la red y, a la vez, más profesionales, articulando nuestra propia marca y comunicando como tal. Sin embargo, al ser una empresa familiar y pequeña, con pocos recursos económicos, siempre destinábamos nuestro presupuesto anual para otras cosas que considerábamos más inmediatas. Así llegó la invitación a participar en Retos Digitales y eso fue lo que nos dio el empujón que necesitábamos, que se tradujo en clave de estímulo y apoyo a un proyecto que siempre les pareció precioso desde la primera vez que se lo presentamos. Siempre estaremos muy agradecidos al departamento de Innovación de Ashotel.

Equipo de Las Vigas, Pedro Díaz y su mujer, Vanessa Concepción, junto a Desiderio Gutiérrez, integrante del jurado del proyecto ‘Retos Digitales’.

Sin duda, el trabajo realizado ha supuesto un antes y un después. Cuéntenos brevemente en qué consistió el reto elegido, para el que contaron con la mentorización de una empresa especializada en comunicación y diseño.

Nos habíamos planteado como reto principal mejorar la presencia en internet de la casa rural Las Vigas. Sin embargo, con ese reto siempre en la mente nos fuimos percatando de que era aún mayor, algo que se mostraba a medida que avanzábamos en las fases de diagnóstico, hasta tal punto que nos hizo plantearnos otros subrretos, como intentar diversificar el modelo de negocio para procurar generar más ingresos; implantar nuestro propio canal de venta directa por medio de nuestra web; incorporar un channel manager que facilitara la gestión online y un motor de reserva propio; y favorecer una estrategia de branding para articular nuestra marca.

Y después de varios meses surgió ese lema ‘Living Las Vigas’, ¿cómo fue ese proceso creativo que los llevó a crear el concepto que ustedes venden ahora?

Fue un proceso muy largo en el que hemos trabajado muchísimo, pero ha sido muy divertido y a la vez elocuente, porque ha servido para conocernos mejor, tanto a nivel de debilidades como de fortalezas, pero creo que ha sido muy positivo, porque hemos dado forma a nuestra marca y sabemos a dónde queremos ir los próximos años. Y eso considero que es muy necesario en cualquier proyecto empresarial.

¿Cuál es el tipo de cliente que se aloja en su casa rural?

Personas que necesitan tranquilidad, que buscan disfrutar de la autenticidad del edificio y deseosas de explorar nuestra naturaleza; amantes del senderismo y de las tradiciones de nuestra tierra… Personas que quieren unas vacaciones sin prisas, que disfrutan del sol y de las playas, pero también de nuestros productos, de nuestro vino y siempre en contacto con la población local. En mi opinión, más que turistas o clientes son viajeros.

¿Qué aspectos cree que valoran más los viajeros que optan por este segmento?

Fundamentalmente creo que buscan estar en contacto con la gente local, fuera de las zonas turísticas tradicionales, construyéndose sus propias vacaciones y disfrutando de las fiestas, de la gastronomía, del patrimonio y de la naturaleza de nuestros pueblos.

Casa rural Las Vigas, en el caserío de Icor, Arico.

Cuéntenos un poco cuál es la parte más satisfactoria de su trabajo vinculado a Las Vigas.

Soy geógrafo y me apasiona el territorio, las culturas y la naturaleza de todos los lugares del mundo. Sin embargo, lamentablemente, no puedo viajar tanto como quisiera. Pero con los huéspedes que conozco es como si viajara con ellos… Me hablan de sus lugares de procedencia, conversamos de política, de paisajes, tradiciones… y eso para mí es también una forma de viajar con ellos. Tengo incluso un mapamundi en casa con chinchetas y voy tachando cada nacionalidad nueva que nos visita. Conocer gente de otras partes del planeta, poder establecer amistad y poder compartir con ellos de manera cercana un simple vaso de vino es para mí una grandísima suerte, algo que no tiene precio pero sí mucho valor. Si además tienes la suerte de llegar a esas personas, a su corazón, por la razón que sea, y deciden volver y repetir su estancia con nosotros, la satisfacción se multiplica.

Debe atesorar muchísimas anécdotas, cuéntenos alguna que recuerde especialmente…

Hay muchas curiosidades y comentarios asociados a las personas que nos visitan… Siempre me llama la atención la llegada de huéspedes de países recónditos y tenemos también varios casos de familias que repiten año tras año; tampoco olvidaré nunca la primera ‒y hasta ahora única‒ boda que se ha celebrado en Las Vigas, básicamente porque los novios eran unos enamorados de la casa por redes sociales y no podían estar más alineados con la esencia de nuestro proyecto. Hoy son nuestros amigos. Pero si me tengo que quedar con una es la de una pareja de profesores rusos que se conocieron hacía más de 25 años en una expedición oceanográfica por el Atlántico que recaló en Tenerife en aquellos años. Ellos, muchos años después, decidieron regresar y conocer la isla, muy cambiada desde entonces. Le caí bien al profesor, éramos profesionales de ciencias con semejanzas y eran frecuentes y largas nuestras conversaciones. Tanto les gustó el ambiente, la compañía y la casa que decidieron regresar al año siguiente, hasta que pasado un tiempo recibí un mensaje suyo comentándome que su mujer había fallecido de cáncer y que ya nunca más vendría a Las Vigas a visitarme. Aunque triste, seguimos manteniendo contacto y conversamos de vez en cuando; las relaciones humanas pueden llegar a ser muy hermosas, siempre que se basen en el respeto.

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Naima Pérez es periodista y responsable del área de Comunicación de Ashotel

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