La comunicación no violenta, también denominada comunicación empática o comunicación compasiva, es un modelo desarrollado por Marshall Rosenberg que busca que las personas se comuniquen entre sí y también cada uno consigo mismo con empatía y eficacia. La conciencia de uno mismo es la facultad sobre la que se erige la empatía, puesto que cuanto más abiertos nos hallemos a nuestras propias emociones, mayor será nuestra destreza en la comprensión de los sentimientos de los demás.
De esta manera, la empatía nos permite saber lo que sienten los demás, afecta a un amplio abanico de actividades y su ausencia genera una interrupción en los canales de comunicación, originando dificultades en la gestión y el trabajo en equipos. Por ejemplo, si no hay entendimiento, si no hay comprensión, el consenso a la hora de realizar una tarea se complica. Sin empatía se eleva la probabilidad de que surjan problemas en la organización, como puede ser la poca productividad y/o los conflictos internos.
¿Cómo desarrollar una comunicación empática?
La comunicación empática requiere de un esfuerzo personal, pero los beneficios que se obtienen son muchos, como tener organizaciones más asertivas, eficientes y éticas, así que merece la pena el esfuerzo y el trabajo previo.
Cuando las organizaciones están orientadas a la satisfacción del cliente, como es nuestro caso, si no tenemos integrada esta necesidad y sus beneficios convertirnos en organizaciones eficientes con equipos productivos y proactivos y con clientes fidelizados resulta complicado.
Como dice un proverbio chino, «hay tres cosas que nunca vuelven atrás: la palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida».
¿Nos ponemos a ello?
actitud de apertura, comunicación compasiva, comunicación empática, comunicación no violenta, escucha activa, expresarnos sin hacer juicios, no juzgar ni valorar
Marisol Bardón es directora de Formación y Empleo de Ashotel y autora del blog #AhoraYo.
A ver cómo los hoteleros empatizan su bolsillo con La Naturaleza..fff