El señor Mazón ha tomado por fin una determinación tras escuchar unos cuantos improperios –aunque muy duros, y amplificados por el dolor, el simbolismo y la solemnidad del momento y lugar– después de estar todo un año escuchando las voces de un pueblo enfadado y dolido por la pasividad e inacción. Te pasas todo un año sin aparecer en eventos públicos por temor a que te increpen –lo que ya de por sí te ilegitima como gobernante– y lo haces, porque piensas no te queda otra, justo en el acto en el que más motivo había para hacerlo. Se suele decir que más vale tarde que nunca, pero sabe a poco y, la verdad, para pedir perdón así más valía no hacerlo. Porque el acto de pedir perdón honra a la persona que lo hace al mostrar valentía y humildad, reconociendo la propia falta y buscando la reconciliación. Pero hay que hacerlo en tiempo y forma, y aquí no hubo ni lo uno ni la otra.
Mazón, no hay que olvidar la historia, pedir perdón, perdón a México