Cada vez tengo más claro que al trabajar en equipo tenemos la responsabilidad de hacerlo desde un lugar donde prime la empatía, la asertividad y el aprendizaje compartido. Partiendo de nuestra autonomía responsable y ofreciendo oportunidades para ir dando luz a otras posibilidades favorecemos el aprendizaje, al mismo tiempo que vamos aceptando la probabilidad de que el error se muestre, con la confianza de que si aparece sabremos qué hacer con él. El respeto en la diversidad de criterios y opiniones nos lleva a la aceptación de nuestras capacidades, competencias y conocimientos que ponemos a disposición del grupo. Son estas fortalezas de nuestra individualidad (sentimos, pensamos y hacemos) cuando las mostramos y las ponemos a disposición del equipo, la clave para generar alianzas y sinergias positivas.
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