¿Me lo dices o me lo cuentas?

Al mal tiempo…

11 Sep , 2020  

La cosa está tan negra −vamos a decir chunga para que no me tachen de microrracista− que esta vez no voy a hablar del puñetero virus, ni del Gobierno, ni de los políticos, ni de la crisis −económica, de valores y nerviosa− que tenemos encima, ni de nada que se le parezca. Voy a hablar de puras cosas buenas.

Aunque hay que admitir que el optimismo está complicado y sería mucho más fácil hablar, por ejemplo, de la irresponsabilidad de un gobierno que anunció ya en mayo la reanudación del turismo extranjero a partir de julio en condiciones de seguridad, sin explicar cómo ni hacer absolutamente nada para que así fuera, perdiendo la oportunidad de convertirnos en un destino seguro no solo de boquilla, sino con hechos. Ahora sufrimos graves y crecientes restricciones en nuestros mercados emisores en un ejemplo más de improvisación, de no querer ver lo que está a la vista, dando la sensación de que el señor Sánchez se limitó a cerrar los ojos y darle al acelerador.

Pero ya les digo, no voy a hablar de política, que sin uno buscarlo ofende con mucha facilidad y en menos que canta un gallo −o una gallina, que algo cantará también y no quiero que me tilden de micromachista− se mete uno en un berenjenal. Por eso tampoco voy a comentar la estupefacción que me produjeron nuestros gobernantes −y opositores varios, que además parece que no saben ejercer de tales− al no haber sido capaces de prescindir de unas muy inmerecidas vacaciones ni por quedar bien, mientras el país estaba y está sumido en la peor crisis de su historia moderna, con una situación sanitaria que empeora día tras día y que nos llevará a otro pico de contagios con la vuelta al cole, aparentemente organizada por el mismo comité de expertos de la desescalada −que ni se molestaran en llamarlo “de expertos y expertas”, ya era bastante sospechoso…−, y que va a llevar  al traste −esperemos que no de manera inexorable− nuestro otoño e invierno turísticos y nuestra economía en general. La inactividad y la inacción, que suenan parecido pero no son lo mismo, llevadas a su máxima expresión.

Sería también muy tentador tocar el tema de la falta de consenso europeo, para variar, que no ha permitido encontrar −porque ni la buscan− una fórmula que permita el desplazamiento de los ciudadanos entre los diferentes países en condiciones de seguridad −sanitaria, económica y jurídica− razonables sin estar expuestos a las decisiones y ocurrencias del gobierno de turno, que de manera premeditadamente abrupta provoca caos y daño económico incalculable a turoperadores, líneas aéreas, hoteles y negocios vinculados, pero también a los ciudadanos de a pie, creando situaciones de incertidumbre e inseguridad sin precedentes y, en la mayoría de casos, innecesarias. De poco sirvió la prueba que se hizo a finales de junio en las Islas Baleares, anunciando a bombo y platillo un supuesto corredor seguro con Alemania que de seguro tenía sólo el nombre, pues consistió en llevar a los turistas en avión con mascarillas a Mallorca, alojarlos y traerlos de vuelta. ¡Guau! Vale, también comprobaron los protocolos en los transportes y hoteles, pero miren cuánto duró y de qué ha servido.

Sin embargo, teniendo en cuenta el origen de los contagios actuales, a día de hoy alojarse en un hotel es probablemente más seguro que quedarse en casa, pues en nuestros establecimientos sí seguimos y hacemos seguir los protocolos de manera rigurosa, mientras que en su casa cada quién hace lo que quiere y se junta con quien se le antoja.

No se puede generar todavía más incertidumbre mediante la improvisación, el mundo necesita viajar, no es ni mucho menos una cuestión de mero turismo, hay muchísimos motivos por los que la gente quiere o debe desplazarse de un lugar a otro, de un país a otro, pero es difícil hacerlo sin saber si uno va a poder salir o en qué condiciones podrá volver, si es que lo consigue. Los test en origen y en destino no son la panacea, pero dan seguridad y también podrían ser una fuente muy valiosa de información sobre el virus y su contagio. Además, todo apunta a que se facilitará mucho el proceso con los nuevos test de saliva, teóricamente igual de efectivos o más que las PCR, pero más rápidos y económicos, por lo que a falta de vacuna tengo enfocado en ellos el poco optimismo que me queda. En Canarias se ha perdido un tiempo muy valioso, pero aún no es tarde para convertirnos en un destino seguro, en EL DESTINO para este invierno.

Ya les digo que dan muchas ganas de hablar de todo eso, pero no, quita, quita, qué va, ni hablar del peluquín −ni de la peluca pequeña, no vayan a acusarme de poco inclusivo−. Por eso, insisto, voy a hablar de algo positivo, por ejemplo de cómo la pandemia nos ha hecho mejores…

Ehmmmmm… A ver… ¡Ah, sí!

Esteeeeee…

Pues casi que lo dejo para la próxima…

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Un comentario

  1. […] Desde mi colaboración del mes pasado estoy empeñado en demostrar que la pandemia nos ha hecho mejores. Lo malo es que, por más que lo intento, no encuentro argumentos para defender tamaña afirmación. Más bien al contrario, cuando lo pienso me viene a la cabeza la genial tira cómica de Mafalda en que lee la definición de Democracia. […]

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