¿Me lo dices o me lo cuentas?

Annus horribilis

4 Dic , 2020  

Este 2020 es de traca: ahora va y se nos muere Dios −ojo, que no me estoy marcando un ‘Willy Toledo’, me refiero a Maradona−. En realidad a mí el fútbol no sólo no me gusta, sino que me disgusta, y aunque no dudo de la parte positiva que aporta cualquier deporte −aunque suele hacerlo más si se practica−, y puedo entender la emoción por el sentido de pertenencia y hasta por la exaltación del orgullo patrio, me cuesta asimilar las exacerbadas reacciones colectivas que  puede llegar a provocar tanto su juego como sus protagonistas, como si fueran ellos a cancelarnos la hipoteca −si así fuera me uniría sin dudarlo e incluso gritaría y lloraría cual fan quinceañera de Los Pecos−.

En todo caso es innegable que la muerte del astro argentino ha tenido consecuencias inenarrables. Hasta mi mujer, chilena y nada futbolera, quedó estupefacta cuando le di la noticia, con la cara desencajada, los ojos desorbitados, incluso soltó un pequeño grito ahogado… Yo flipaba con eso, no esperaba tamaña afectación, además de que tampoco fue algo tan inesperado, la verdad es que el hombre estaba bastante cascado… Luego resultó que me había entendido que había muerto Madonna −que, sin ser tampoco santa de su devoción, parece que confía algo más en su capacidad de supervivencia−.

Ahora ya por fin queda poco para que termine este año nefasto. Y eso que hace doce meses exactos escribía yo en este mismo espacio que no había que catalogar un año como bueno o malo a la hora de hacer balance al llegar estas fechas, pues siempre habrá en mayor o menor medida cosas buenas y malas. Y me venía arriba sentenciando que no existe por tanto un annus horribilis, sino la humana necesidad de generalizar. Ah, y aprovechaba para desearles un feliz 2020 −sírvanse imaginar aquí el emoticono ojiplático−. Efectivamente, calladico estoy más guapo. Para la inmensa mayoría de nosotros ha sido este un año malo, pésimo, horríbilis, terríbilis y algún que otro íbilis que seguro me he dejado. Así que por favor, al de ahí arriba −no, Maradona, tú no−, de verdad que no necesito más zascas. Mensaje copiado. Cambio y fuera.

Aunque soy un poco gafe −por favor no insistan, sí lo soy−, alguna cosa positiva ha traído este año también. Parece que por fin nos hemos quitado de encima a uno de los dos rubios despeinados que asolaban el planeta −aunque parece que a este paso lo tendremos que sacar con agua caliente y rascador−, ya sólo nos queda el de este lado del charco. Ahora es el turno de Biden, que cumple bastante con el típico perfil etnosociopolítico presidencial americano, aunque la historia ha demostrado que también un actor de segunda, un afroamericano o un empresario loco −pero genial para los memes− pueden llegar a ser el presidente de los Estados Unidos de América, de la tierra de oportunidades, donde todo el mundo puede llegar tan lejos como le permita su habilidad y trabajo, independientemente de su clase social o las circunstancias de las que provenga.

Ese es el sueño americano. Hay que admitir que dicho así suena precioso y le dan ganas a uno de ponerse la mano en el pecho y cantar lo de la tierra de la libertad y el hogar de los valientes −aunque uno no sepa ni pronunciar Massachusetts−. Pero por algún extraño motivo si uno lo extrapola a nuestro país y se para a pensar eso, que cualquiera puede llegar a ser presidente del Gobierno, o vicepresidente, o ministro… pues da mucho miedito y uno se lleva la mano al pecho, pero en un vano intento de controlar la arritmia. Más que sueño es la pesadilla española.

Quizá antes de que termine el año consigamos al fin –y me sumo así a la campaña− que se acepten los test de antígenos para todos los viajeros que lleguen a España independientemente de su origen y el objeto de su visita u opción de alojamiento, de manera que podamos normalizar los desplazamientos, salvar aunque sea mínimamente la temporada de invierno y reactivar la economía manteniendo a nuestra gente activa, todo ello sin menoscabo de la seguridad.

En todo caso, y aunque me da miedo abrir demasiado esta bocaza que tengo, debo decir que tengo mucha esperanza puesta en el 2021. Cuando escuché el himno de España tocado por la guardia presidencial de Bolivia me emocioné y entendí el mensaje −no todo tienen que ser zascas−: es imposible hacerlo peor. Así que 2021 será sin duda mejor y por eso les deseo una Feliz Normalidad… Nueva Navidad… Normal Felicidad… ¿Navideña Novedad? ‘Pues me doy…

Y sobre todo, por el bien de mi dignidad y reputación, por favor por favorcito que no le pase nada a Madonna…

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Fernando Josa Marín es director de hotel

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