Repensar el turismo

A propósito del modelo turístico (I)

8 Abr , 2024  

El modelo turístico en Canarias se encuentra en el centro de un intenso debate social al cual, desde luego, no somos ajenos en Ashotel. Diferentes colectivos ambientalistas, activistas, ecologistas, etc. manifiestan que hemos llegado al límite de crecimiento turístico en islas como Tenerife y culpan, con mayor o menor razón, al modelo seguido en su desarrollo. Como los límites de lo que es o no es turismo en Canarias no son fáciles de dibujar, de igual forma considero que hay tantas interpretaciones de cuál es el modelo turístico canario como interlocutores que salen al paso para analizarlo o criticarlo.

Sin embargo y, aunque a algunos les sorprenda, estoy convencido de que hay una mayor coincidencia de lo que se piensa entre los planteamientos que defienden algunos de estos grupos y el colectivo de hoteles al que representa Ashotel. Desde la asociación estamos convencidos de que “más no es sinónimo de mejor”; incluso, hace ya algunos años lanzamos el lema “crecer hacia dentro”, que significaba, entre otras cosas, aumentar la calidad del destino, sin aumentar el número de camas e incluso reduciendo aquellas que, por obsolescencia o falta de inversión, no contribuyen a su mejora.

Existe una tendencia a simplificar o identificar la actividad turística en Canarias con la actividad hotelera, probablemente por ser la más visible y la que está representada por las empresas de mayor tamaño y más organizada en asociaciones y federaciones empresariales, pero esa ecuación turismo = hoteles deja fuera a otras muchas actividades económicas que participan directamente del turismo. Si en los hoteles y apartamentos de Canarias trabajan, aproximadamente, algo más de 81.000 personas –afiliaciones a la Seguridad Social–, en todo el turismo lo hacen más de 400.00 personas (40% de la población activa del 1,1 millón de personas), por lo que, a veces, hay un reduccionismo interesado de vincular solo turismo a hoteles, lo que es, sin duda, un primer error.

Aunque en términos de aporte dentro de la cadena de valor probablemente los hoteles sí lideran el ranking, convertirlos en el centro exclusivo del debate ni es justo ni es cierto, dado que son muchas las actividades que forman parte directa e indirectamente de lo que llamamos modelo turístico: transporte aéreo, transporte terrestre, transporte marítimo, agencias de viajes, rent a car, bares y restaurantes, empresas de actividades de ocio, guías de turismo… son solo un ejemplo.

Si hay algo que se aprende al estudiar Economía es que los problemas o retos que debe afronta una sociedad tienen como origen una auténtica madeja de causas, entrelazadas entre sí, pero que conviene analizar y desgranar para entender los porqués. Intentaré hacer un ejercicio resumido para exponer las diferentes causas que, a mi juicio, están detrás de la situación actual y de la contestación social al modelo turístico.

En primer lugar, considero que una parte de la percepción social de rechazo al modelo proviene de un fenómeno relativamente reciente: la mezcla de los usos del suelo. Hasta hace una década, la población tenía una concepción clara de dónde se ubicaba la actividad turística –mayoritariamente en los sures de las islas– y dónde residía la población local –en las áreas metropolitanas y en las zonas aledañas a los núcleos turísticos–. En apenas diez años hemos asistido a la turistificación de las zonas residenciales y a la residencialización de las zonas turísticas, lo que ha pervertido el modelo. Procesos como la gentrificación motivada por el alquiler vacacional han generado una lógica contestación social por sus efectos en la oferta de vivienda residencial y en el alza en el nivel de precios por su carestía y también el proceso inverso: la residencialización de las zonas turísticas, que provoca una difícil convivencia en complejos de apartamentos sometidos a explotación turística, en núcleos y áreas turísticas, entre propietarios residentes y turistas. Agua y aceite no casan bien y en turismo, tampoco. Las necesidades de los turistas y los residentes no son las mismas.

En apenas diez años hemos asistido a la turistificación de las zonas residenciales y a la residencialización de las zonas turísticas, lo que ha pervertido el modelo

En segundo lugar, Canarias está asistiendo a un crecimiento poblacional descontrolado desde hace ya tiempo. Cada año llegan a islas como Gran Canaria o Tenerife una media de 10.000 personas con la intención de desarrollar un proyecto de vida, probablemente atraídas por el trabajo que se genera entorno a la actividad turística. Estas cifras son coherentes con las que manifestaba hace poco la presidenta del Cabildo de Tenerife al afirmar que, en esta isla, cada mes se expiden unas 1.200 nuevas tarjetas sanitarias, que es un buen indicador de esta variable poblacional. Estas personas que aquí llegan demandan una vivienda, servicios asistenciales y sanitarios, trabajo y también contribuyen a generar el caos que vivimos a diario en las carreteras de las islas por un uso excesivo del vehículo privado en detrimento del transporte público, que también presenta sus problemas.

Con datos del INE y para el período 2000-2023, el problema se ve más claro aún. En el año 2000 la población de Canarias era casi de 1,8 millones de habitantes. En diciembre de 2023, la población es de 2,2 millones. Esto refleja un crecimiento para este período del 23,7%. Y en el año 2023, la población residente creció en 23.995 personas. Se ha debatido hasta la saciedad el problema de sobrepoblación en Canarias, pero no se ha tomado ninguna medida para empezar a resolverlo.

Esta afluencia de personas foráneas que llegan a Canarias para trabajar –muchas de ellas en turismo– contrasta con un volumen de población residente desempleada que, incluso en los mejores momentos de bonanza económica, no ha bajado del 10% de la población activa. Estas asimetrías de mercado, que llaman los economistas, se producen cuando hay una oferta que no casa con una demanda real. Pero también tenemos una población residente ‘de temporada’ que o bien son jubilados y disponen de una segunda residencia en propiedad o también los denominados nómadas digitales que pasan temporadas en las islas mientras desarrollan distintas actividades en remoto.

Unido a esto, históricamente, hemos tenido en Canarias un modelo de gran dispersión geográfica de la población por el territorio insular, lo que dificulta la generación de economías de escala y la proposición de soluciones colectivas en materia de vivienda, transporte e infraestructuras. La población se distribuye desde la costa a las medianías, lo que no favorece una movilidad colectiva o la agrupación en núcleos urbanos de viviendas residenciales de mayor entidad.

Pero también situaría en la ecuación del problema el déficit histórico de inversiones en infraestructuras que, en Canarias en general y en Tenerife en particular, se ha padecido. Y de la unión de un crecimiento poblacional continuo con un déficit de infraestructuras, se genera una situación de saturación como la actual.

Situaría también en la ecuación del problema el déficit histórico de inversiones en infraestructuras que, en Canarias en general y en Tenerife en particular, se ha padecido

¿Cuántos años de retraso llevamos para cerrar un anillo insular que todos los técnicos entienden que es crítico para desviar por el norte una parte del tráfico que cada día circula por la TF-1?

¿Es acaso el turismo responsable de décadas de no inversión en los sistemas de depuración de aguas residuales que acaban vertidas al mar con las consiguientes sanciones económicas, año tras año, por parte de la Unión Europea? Si no existiese turismo, esas sanciones seguirían existiendo, pero con el agravante de no tener recursos (los impuestos directos e indirectos que genera la actividad turística) para afrontar esas inversiones.

¿Se le puede achacar al turismo la no inversión durante décadas en planes de vivienda pública dejando al mercado que se “autorregule”? ¿A qué se ha debido la falta de interés por los promotores privados para no desarrollar promociones de viviendas?

En el próximo post abordaré algunos aspectos relacionados con la presión del territorio, la falta de vivienda o la distribución de la riqueza, entre otros aspectos, y en un tercer y último post, algunas soluciones.

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Juan Pablo González es economista y director gerente de Ashotel

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Un comentario

  1. […] Abordaba en la primera parte de esta amplia reflexión que publico en El blog de Ashotel en torno al debate suscitado en torno al modelo de desarrollo de Canarias cómo hemos llegado, desde mi punto de vista, a esta situación y qué variables entiendo que entran en juego. En esta segunda parte me detendré a analizar aspectos relacionados con la falta de vivienda, la presión del territorio o la distribución de la riqueza, entre otros, para en un post final abordar algunas soluciones. […]

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